Una terraza de un ático, un patio o un jardín son entornos ideales para instalar una pérgola bioclimática. Uno de los sistemas de protección más innovadores del mercado que aportan confortabilidad, eficiencia energética y estilo.
Tú tienes el control
Uno de los mayores atractivos de las pérgolas bioclimáticas es su sistema de lamas orientables. Este tipo de pérgola tiene una cubierta hecha de lamas de aluminio que pueden cambiar de posición.
Las lamas orientables tienen un giro de 0 a 135 grados. Con esta variación se puede decidir la cantidad de luz y aire que pasa al interior. Así se tiene un mayor control de la ventilación y de la temperatura de nuestra zona de descanso.
Otra de las ventajas del sistema bioclimático es que las lamas pueden cerrar por completo el techo. De este modo se garantiza la máxima protección ante situaciones de lluvia, de viento intenso o mucho sol. Esto las diferencia del resto de pérgolas y convierte a este modelo en el más avanzado del mercado, ya que posibilita disfrutar del habitáculo de la pérgola en cualquier momento, sin importar las condiciones climáticas del exterior.
Eficiencia energética
Al poder controlar la temperatura del interior, la pérgola bioclimática se convierte en una herramienta muy útil que ayuda a mejorar la eficiencia energética. ¿Cómo? Pues al regular la entrada de aire y de calor al interior y tener en cada momento las condiciones adecuadas de temperatura se evita tener que poner aire acondicionado, ventiladores o estufas.
Si además la pérgola está adosada a la vivienda, ayudará a tener una mejor temperatura en el interior de la casa, reduciendo el uso de los sistemas de calefacción y de refrigeración.
Una pérgola que encaja en todos los entornos
En cuanto a la estética, las pérgolas bioclimáticas tienen una apariencia muy sencilla que encaja con todos los estilos. La estructura y cubierta de aluminio tiene líneas rectas que aportan elegancia a la composición.
Se pueden realizar en diferentes colores para adaptarse al estilismo de la vivienda, aunque los tonos más habituales son los negros, blancos o grises.
Además, se pueden incorporar cortinas o toldos verticales para ampliar la protección a la vez que se aporta un toque original y personal a este refugio para el exterior.