Una de las preguntas que surge cuando vamos a instalar una pérgola de jardín es si la ponemos adosada a la pared o independiente en una parte del jardín. Además de una cuestión personal y, obviamente, de espacio, cada una de las opciones tiene sus ventajas e inconvenientes. Veámoslo.

Una pérgola de jardín adosada, más espacio habitable
Una de las mayores ventajas de una pérgola adosada a la vivienda es que se convierte automáticamente en una extensión de la vivienda. Un habitáculo que combina la protección de un techo y la libertad del aire libre.

Este tipo de estructura es como un porche, pero más ligero y sobre todo más funcional que los tradicionales hechos de obra.
Una pérgola de jardín adosada puede tener distintos tipos de techo. Entre los más habituales están:
- Una cubierta de travesaños de aluminio o madera
- Un techo de placas de policarbonato
- Un sistema de toldos móviles
- Una pérgola bioclimática
Lo bueno de estos tipos de cobertura es que permiten crear un espacio de protección mucho más luminoso que un porche tradicional. Además, en la mayoría de las opciones se pueden decidir cuándo se quiere más sol o más sombra.
Otro aspecto positivo de optar por una pérgola de jardín adosada a la casa es que creamos un comedor o una sala auxiliar a la vivienda en la que podemos controlar la ventilación y la temperatura interior para disfrutar de un ambiente cómodo y acogedor.
Un refugio especial
La otra opción para una pérgola de jardín es instalar esta estructura de protección independiente de la vivienda, como un habitáculo libre.

Esto es posible en jardines o patios amplios donde hay espacio de sobra. Por ejemplo en casas con piscina, la pérgola es una solución muy práctica para tener un sitio de sombra donde secarse después de un baño.
También es una opción muy útil para un patio grande en el que la pérgola se convierte en un cenador, un lugar para relajarse, tomar un refresco o compartir una comida.